Visor de imágenes · 1996
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Baja despacio. La foto se va descargando, como se descargaban entonces: a trozos, por orden de nadie, y tardando.
Una imagen no aparecía. Llegaba. Ponías el ratón encima de un enlace, se abría una ventana con un rectángulo vacío del tamaño exacto de la foto —porque el tamaño venía antes que la foto— y luego empezaban a caer las filas. Si el formato era entrelazado, no caían en orden: primero una de cada ocho, y la cara se adivinaba borrosa mucho antes de existir del todo.
Uno aprendía a leer esa borrosidad. A los tres segundos ya sabías si merecía la pena esperar los treinta que quedaban, y cortabas. La paciencia no era una virtud: era una unidad de medida.
Por qué esta web parece de entonces
No es nostalgia de la estética. Es nostalgia de la fricción. Cuando una foto costaba medio minuto y una llamada de teléfono, nadie subía catorce. Se elegía una. El límite hacía la edición, y la edición hacía que las cosas tuvieran forma.
Ahora no hay límite y por eso hay que ponérselo uno. Un escritorio de 1996 con sus ventanas y sus iconos no es un disfraz: es una manera de acordarme de que cada cosa que meto aquí tiene que valer su sitio, como valía cuando el sitio se pagaba en segundos.
La foto de arriba, por cierto, es diminuta de verdad. No está pixelada de mentira para que quede bonito. Es la que hay.
El efecto de recomponer una imagen por trozos según se baja está tomado de un pen de ycw (licencia MIT). El suyo va con tres dimensiones; éste va en plano y sin librerías, porque un píxel cuadrado y sin perspectiva es más de 1996 que cualquier cubo.